Añoranza de la caricia
17-06-2005 15:07:08

Si nada lo impide, habrá un día en que finalmente vencerá lo políticamente correcto. Nuestros tabúes, vergüenzas y miedos serán quienes rijan el quehacer diario. Mutilaremos nuestros sentidos en mor del que dirán y ese día ya no podremos añorar el valor de una caricia porque probablemente la habremos olvidado.
“El tacto se ofrece a lo largo y ancho de dos metros cuadrados de piel. Es prácticamente nosotros, nuestra envoltura, nuestra frontera, el aura que nos rodea y nos define. Ni todos los demás sentidos juntos pueden sustituirlo: hay que reconocer y percibir con las palmas de las manos, con las mejillas, con los pies, con los labios... La mano abierta es el signo que más evidencia el desarmado saludo de la paz. Ella lleva el primer contacto físico, del que se desprenderán las corrientes de la simpatía o del rechazo. Cuántas veces hemos dicho, de una amistad o de una enemistad, que eran cuestión de piel: la entrada principal se abre de par en par o no se abre, y es la piel quien enigmáticamente decide."
"El hombre es perfectible: un proyecto nunca concluido del todo. Y necesita que alguien estimule con afecto su piel, y se la renueve, y se la limpie de las malas contigüidades cada día más numerosas. Hay que recuperar la infancia y otorgarles a los demás la suya: con una amor incondicional, con una caricia permanente, sin temor a resultar cargante, sin temor a pasarse al erotismo. Hay que sacar fuera al niño que ocultamos. Porque no hay nada pecaminosos en el sexo, ni en el tacto: todo lo natural es inocente; todo, suavidad y alegría, libertad y expansión. ¿Por qué no manifestarnos ávidos de acariciar y ser acariciados? ¿No es acaso el amor el mejor médico, y las palpaciones del amor la mejor medicina?.”
Antonio Gala. La vida táctil.
Dominical del País, junio 1997.
Categoría: Perezosos 0 Comentarios 0 Referencias 1255 Lecturas
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